Raccord es la palabra que el cine tomó del francés para la continuidad entre planos: que el vaso que estaba lleno no aparezca vacío en el plano siguiente. En edición se usa para lo mismo dentro de un libro: que los personajes, los objetos, los lugares y el tiempo de la historia sean coherentes de la primera a la última página.
Un fallo de raccord es, por ejemplo, una protagonista que tiene diecisiete años en el capítulo dos y quince en el cinco, una taza azul que luego es roja o un personaje que sabe algo que todavía no le han contado. Son difíciles de ver porque pueden estar a trescientas páginas de distancia, y son los que los lectores atentos señalan en las reseñas.